¨MIs hijos odian el móvil… de papá o de mamá¨

Cuando yo nací el móvil no existía o al menos de forma popular y generalizada. Mis hijos, hoy adolescentes, todavía me preguntan si cuando yo vine a este mundo existían las farolas.

Fue en 1973 cuando Martin Cooper y Motorola mostraron el primer prototipo de teléfono celular personal. Los equipos en los años 80 eran aparatosos y pesados e incluso resultaba ridículo ver a una persona hablando por la calle con una especie de maletín. A esa persona se le tachaba de altiva, el móvil era solo para unos pocos.

Hoy vamos camino de la 5ª generación (5G) cuya implantación está prevista para el 2020. Hoy 1 de cada 4 niños de 10 años tiene movil.

Como padres, nos inquieta los efectos que tiene el móvil en la vida de nuestros hijos: rendimiento escolar, relaciones sociales… Se está convirtiendo en una preocupante “adicción”. Ya existen las primeras herramientas psicológicas para baremarlo e incluso centros que ayudan a tratar esta nueva adicción.

Ahora me gustaría haceros una pequeña reflexión:

Sentada en una cena familiar, en una terraza cerca de casa. Observo la mesa de al lado, nadie se habla. Dos niños de unos 12 años, gemelos, ambos con un movil en la mano; ni pestañean. Los padres se miran de reojo, pero también vuelven a sus quehaceres. Nadie habla, una mesa de cuatro, una familia de 4 que podía estar igual tomando algo ahí que en las habitaciones respectivas de su casa. De pronto, la madre empieza a hablar, y yo pienso… “hombre, por fin alguien con cabeza que va a establecer un diálogo…” Uno de los niños protesta porque tiene sed. La madre no hablaba con él, era un espejismo, respondía a alguien con el móvil.

Se ha publicado una noticia diciendo que una de las primeras cosas que a un hijo no le gusta de sus padres, es el movil. Nos preocupan ellos, sus vidas, su educación… pero ¿ estamos absorbidos e hipnotizados por esta tecnología tanto o más que ellos?, ¿ cuántos padres somos capaces de desterrar nuestro móvil durante unas horas al día?, eso sin hablar de un día entero.

Una máxima de educar es predicar con el ejemplo y encontrar el difícil punto de equilibrio en las cosas.

Con nostalgia recuerdo entornar la puerta con ese cable de muelle pillado y a unos padres gritando: ”…todo el día comunicando…no se hace otra cosa en ese casa…” ¿ era ya adicción?… No creo, porque no podíamos llevarnos ese teléfono que marcabas con una rueda, en un bolsillo. Ahora todo es fácil, es como nuestra segunda piel. Se nos pierde el movil, se nos pierde la vida.

Parémonos en el tiempo y dediquemos ese espacio a las personas que nos rodean. Dediquemos tiempo de calidad a nuestros hijos para que no nos puedan decir: “mamá/papá, ODIO TU MOVIL”

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